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| Valderrobres y su librería Serret (31.12.2014) | |||||||||||||
Cuando
Octavio Serret, el propietario de la Librería Serret en la Avenida Hispanidad 21
de Valderrobres, se puso en
contacto conmigo para preguntarme si podía ir un fin de semana a
presentar mi novela en su librería, ya intuí que iba a
ser el comienzo de una gran amistad, o una hermosa amistad, como
dijeron en Casablanca.Hay pueblos y pueblos. A tan solo 2 horas y poco de Huesca se llega a Valderrobres, un pueblo de la comarca de Matarraña, en la provincia de Teruel, donde nada más entrar se respira calma. El puente de Piedra y el portal de San Roque ofrecen una espectacular entrada al núcleo antiguo de Valderrobres. Hay que cruzarlo despacio, caminando, por supuesto, y asomándose a uno y otro lado para observar el lento transcurrir del río Matarraña. Respirarlo. Y cuando digo que hay que cruzarlo despacio es para reservar fuerzas para callejear por el casco antiguo, transitando por cuestas de escaleras de piedra y deleitarse con el sonido del silencio de una de las poblaciones más emblemáticas que he conocido. Hay librerías y librerías. La librería Serret es una librería desde que se traspasa la puerta franqueado por una organizada hilera de periódicos, ordenados por montones, hasta que se llega a la zona de libros y revistas. Papelería. Útiles de oficina y cajas y cajas de juegos para los
más pequeños. Con un ambiente familiar, tanto en la ordenación del
mobiliario, como en el trato, uno no tarda demasiado en encontrarse
como en casa. Hasta el punto que puedes permanecer en el interior de la
librería durante varias horas y no darte ni cuenta del paso del tiempo.Hay libreros y libreros. Pero el factor importante de la librería Serret es, sin duda alguna, el librero. Octavio Serret ya dijo en una entrevista en el periódico, en el año 2011: Que cuando un cliente entra él ya sabe qué libro necesita. Y, créanme, es tan cierto como que en Valderrobres se come de lujo. Un buenos días o buenas tardes, según corresponda, y seguido de un "en qué le puedo ayudar", nos da una idea del tipo de librero que es Octavio. Lo he observado, durante el poco tiempo disponible que he tenido entre firmar y firmar libros, y es un no parar constante. En ningún momento lo he visto mirando las musarañas. Siempre en su puesto, detrás del mostrador de la entrada. Saludando. Jamás serio, ni malhumorado. Enérgico, pero sin ponerse nervioso. Preciso, cuando lo vean envolver regalos sabrán a lo que me refiero. Y además elige muy bien las bufandas, como podrán observar en la fotografía. El tenderete A mi llegada, Octavio ya había dispuesto el tenderete con mis libros. El último, los crímenes del abecedario, en primer lugar, escoltado por los fresones rojos, la casa de enfrente y la noche de los peones. Una silla, un bolígrafo y una libreta con un listado de nombres y novela que debía dedicar. ¿Se dan cuenta? Octavio ya había preparado mi llegada con una lista de peticiones de dedicatorias de mis libros. Ergo, Octavio Serret es un librero. El escritor escribe libros, el editor los edita, el impresor los imprime y el librero los ofrece a sus clientes. En la librería Serret uno tiene la sensación de haber recuperado el orden de las cosas, que otros parece han perdido. Las anécdotas Tanto la tarde del viernes, como la mañana (intensa) del sábado, fue toda una experiencia plagada de anécdotas literarias. La librería es el centro neurálgico no solo de los habitantes del pueblo, si no que también lo es de turistas de fin de semana que llegan de distintos puntos de la
provincia, e incluso de mucho más lejos, a visitar la magnífica
población de Valderrobres y sus alrededores.Un matrimonio de Castellón se hizo con un ejemplar de la casa de enfrente. Joan y Mar, una agradable pareja de la provincia de Barcelona se hicieron con un ejemplar de los fresones rojos. Tuve la enorme suerte de que nos viniera a visitar el escritor barcelonés José Manuel Ferro, autor de La Escuela del Mar, y que adquirió un ejemplar de los crímenes del abecedario. Un matrimonio de Zaragoza, que habían ido a pasar el fin de semana, se hizo con dos novelas: una para ellos y otra para regalar. Una familia al completo: abuela, hijos y nieta, se hicieron con una de cada una de mis novelas. Conocí a una prometedora periodista para dentro de unos años, ya que con tan solo 15 ya había hechos sus pinitos escribiendo cartas y artículos en periódicos y a la que en la dedicatoria le vaticiné que sería una gran periodista, ya que con su juventud tenía todo un futuro en el difícil arte de crear con las palabras. Una madre de una niña de 12 años solicitó consejo sobre que libro le gustaría más a su hija. La noche de los peones, le dije, por lo valores que trasmite. No me hizo caso y cogió los crímenes del abecedario. Una señora muy agradable había comprado los crímenes el viernes por la tarde y regresó el sábado con la novela casi leída a coger los fresones. Me encanta, me dijo. Con tanta firma nos entró hambre, así que el sábado al mediodía nos fuimos a comer a uno de los muchos y buenos restaurantes que hay en Valderrobres, pero eso es otra historia. Lo único que les puedo decir es que cuando vayan a visitar Valderrobres, porque estoy seguro de que irán, pidan un Viscaí. Y no lo digo yo, lo dice Octavio Serret. Y a Octavio no le discutan ni a la hora de elegir buenos vinos, ni en libros. Sabe de lo que habla. |