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| Un paso al frente (22.08.2014) | |||||||||||||
Un paso al frente
es uno de los libros al que le tenía ganas. Su autor, un teniente del
ejército español, Luis Gonzalo Segura
de Oro-Pulido, tuvo la cortesía
de dedicarme un ejemplar en la Feria del Libro de Huesca 2014, lugar
donde presentó la novela de la mano de
su editor: Óscar Sipán, de Tropo
Editores. Lejos del ruido que está haciendo con esta novela y las
implicaciones posteriores como el arresto de
dos meses de su autor y la
huelga de hambre de 22 días que lo han sumido en hipotensión, descenso
de la frecuencia cardíaca, debilidad muscular e hipotermia, según
publica el diario El Mundo en un artículo
fechado el 08-08-2014, decidí que acometería la lectura de esta novela
desde un estricto punto de vista literario. Y así lo he hecho.Para nosotros, los que hemos tenido el "honor" de servir en la mili (léase honor con ironía) hay diferentes aspectos de esta novela que no deben horrorizarnos, pues muchos de sus pasajes nos arrastran a los recuerdos del servicio militar y la cantidad de despropósitos que en ella observamos todas esas generaciones de civiles que tuvimos que servir durante, como era mi caso, año y medio. La mili era para contarla, decían los veteranos. Y ciertamente, cuando nos licenciábamos, nos tiramos una buena época contando historias de la mili. Leo con estupor la novela de este teniente del Ejército de Tierra, sobre todo porque me traslada a esa olvidable época de la mili y porque, si lo que dice es cierto, contemplo con pena como las cosas en el ámbito castrense no han cambiado con la profesionalización del Ejército, sino que se han institucionalizado y han arrastrado los peores vicios de su época más oscura . Frases como: en el ejército los hombres no tienen nombre, solo apellido, nos dan pistas sobre lo que vamos a encontrarnos en esta novela y nos recuerdan, quizá, la disciplina tantas veces acometida en películas como La chaqueta metálica o Algunos hombres buenos. Instrucción a base de látigo y gritos que solo creíamos que se daba en los Marines norteamericanos. Pero en la novela se plantea si ese menosprecio de los mandos hacia sus subordinados es más una cuestión de adiestramiento extremo o de una recreación del cruel arte de la vejación. Con leves e imperceptibles movimientos, los soldados intentaban airear al menos los dedos de los pies hasta que el capitán Ernesto Vara les amenazaba con disimulo: "Al que se mueva le corto las pelotas".
Con un despliegue de frases hechas, Luis Gonzalo nos adentra en el
mundo castrense y nos sumerge en una historia bien hilvanada y
entretenida donde se destaca principalmente los abusos de los mandos y
la corrupción del más poderoso hacia el más débil, algo que ya es una
constante en la novela. "Mando que no
abusa pierde prestigio",
nos dice a modo de consigna. O supo de primera mano que en el Ejército
el acoso laboral no era un delito; más bien, una herramienta común que
los mandos tenían a su alcance.
La erótica del poder tiene su punto álgido dentro de la novela cuando afirma que en el Ejército una de las mayores preocupaciones de los altos mandos es disfrutar con la mayor intensidad posible del privilegio del poder. El autor acusa sin miramiento a los mandos militares, de los que dice que a partir de capitán los rangos son más políticos que militares. Me ha chocado de forma singular cuando explica la treta para ahorrarse el gasto asignado en las comidas a cada soldado. Para no hacer interpretaciones lo transcribo tal cual: Para mayor beneficio, en determinadas épocas -desde primero de mayo hasta mediados de septiembre- se adelantaba la hora de la salida a las dos, pero se mantenía la hora de la comida a las tres, lo que suponía que casi todo el mundo se marchaba a comer a casa y el
margen de ganancia
que obtenían era mucho mayor.En el esfuerzo por atajar la corruptela dentro del Ejército, el autor propone una serie de medias eficaces que desbaraten la actual forma de investigar y nos dice que esta costumbre de solicitar que los propios jefes de unidad remitan cualquier información comprometida daba una idea de la eficacia de la justicia militar: era como enviar una carta a un asesino en serie solicitándole el cuchillo con el que descuartiza a sus víctimas; el cuchillo jamás llegaría a su destino, y sin prueba, no habría crimen. Me ha asustado un poco, para que negarlo, la imagen fascista que transmite el autor del Ejército cuando en boca de todo un General dice: ¿Malversaciones? ¿Comisiones de servicio? ¡Soy el General, coño! ¿Desde cuándo un General no puede hacer lo que quiera? Puta democracia y putos rojos que lo están saqueando todo. Quizá, con frases como esta es por lo que ha sido expedientado; aunque hay que partir de la base de que lo que estamos leyendo es una novela. Y, vuelvo a repetir, como tal la he leído. Al final de la novela hallamos un índice bastante extenso donde el autor lista bastantes artículos donde apoya todo lo que "denuncia" en la novela, además de una "hipotética" carta al Ministro de Defensa denunciando la corrupción en el Ejército español, al mismo tiempo que le recomienda algunos cambios que él haría para alcanzar una institución más justa y honorable, según sus propias palabras. En definitiva, y a modo de resumen, como novela me ha parecido una buena novela, dinámica y entretenida donde aporta datos reales e históricos situándolos en su momento. No hago más valoraciones respecto al contenido y lo que denuncia, pero sí recomiendo que lean esta novela. Como he dicho antes: es una buena novela. |