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Estas últimas semanas
se está hablando mucho del
sensiblero anuncio de la lotería de Navidad, donde Manuel, un hombre
que respira bondad con su mirada, se acerca al bar de debajo de su casa
a tomarse un café con la amargura de no haber comprado un décimo.
Antonio, un camarero de aspecto bondadoso y cordial, le hace entrega de
un sobre conteniendo un décimo que guardó a su nombre. Dame 21 euros,
un euro del café y 20 de esto, le dice alargando la mano con el sobre
que contiene la participación.
Contagiado por la repercusión y las bromas acerca
del anuncio que se han ido sucediendo en las redes sociales, y como
buen usuario de Twitter, se me ocurrió publicar el 20 de diciembre el
siguiente tuit
Hasta ahí todo quedó como una broma de las que
tantas circulan por la red, pero mi sorpresa ha sido mayúscula cuando
la noche del 20 de diciembre recibo una llamada en el teléfono fijo de
mi casa, de un trabajador del Hotel
del Ésera, en la localidad oscense de Santaliestra,
el cual se identifica como Juan, y me dice que ha leído mi mensaje y,
le ha hecho tanta gracia, que desde ese mismo momento me reserva un
décimo del número que juega el hotel, el cual me facilita para que lo
anote. El reto consiste en que, si toca, me espera a que vaya a tomar
un café y le pague los 21 euros, como en el anuncio.
¿Quién sabe? Quizá el martes deba ir a Santaliestra,
al Hotel del Ésera a tomarme un café y a recoger mi décimo premiado. En
cualquier caso, ésta es la magia de la Navidad, los anuncios y las
redes sociales.bre calidad de las
obras presentadas por sus autores, o, como mucho
me temo, que sea por falta de dinero para pagar a los premiados.
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