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| Los muertos viajan deprisa | |||||||||||||
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esta ocasión, la escritora Nieves Abarca y
el criminólogo Vicente Garrido, nos traen una historia original, negra
y con un excelso conocimiento del procedimiento de la policía y de los
entresijos de la mente humana, en su lado más malévolo. Ambientada en los Festivales o Semanas Negras de España, envuelve al lector de una aureola reco El inicio no puede ser más atrayente desde el punto de vista literario y, por qué no decirlo, policial. Algunos escritores del género se dirigen a bordo del Tren Negro a Gijón en el mes de julio del año 2014. En el trayecto se comete un crimen. Con estos ingredientes la novela está servida y el lector solo ha de dejarse atrapar página tras página por la profesionalidad de la inspectora Valentina Negro y el criminólogo Javier Sanjuán. Si no han leído nada de los autores hasta la fecha, no traten de buscar parecidos entre ellos y los personajes. Porque no los hay. O sí. Un segundo crimen, enmarcado en otra Semana Negra, la de Galicia, crimen con tintes rituales, como el primero, dispara todas las alarmas al constatar que el asesino no se va a detener. Me ha gustado mucho como los autores no escatiman detalles escabrosos, escenas de sexo o descripciones que refuerzan la lectura de esta completa novela negra, sin caer en la chabacanería o el gore. Los perfiles psicológicos son minuciosos y detallistas. Reales. Muy interesante, y puesto que la novela gira en torno al mundo de los escritores, como se interrelacionan autores, editores o blogueros y destapan, o no, el "mundillo" que hay detrás y las envidias tan presentes en este ambiente. Bien desarrollados los diálogos, que aportan dinamismo a la narrativa y que facilitan su lectura, al mismo tiempo que implican al lector. Y como colofón, no puedo evitar subrayar algunas frases que me han parecido geniales, especialmente por su relación con las Semanas Negras Si no gana el premio será porque ya está dado de antemano. No hay mejor publicidad para una Semana Negra que el asesinato de un escritor. Le puedo asegurar que en la cárcel uno puede encontrar lo peor del ser humano, pero también lo mejor. El que la mató limpió después. Un tanto aparatoso... —chasqueó la lengua—, se ve que no estaba ni acostumbrado a disparar, ni acostumbrado a limpiar. Buena lectura y más
información de la novela aquí: Ediciones B
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