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Memento mori, Dies irae y Consummatum est  de César Pérez Gellida (05.08.2014)

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En octubre de 2013 coincidí con César en el Festival de novela policíaca de Madrid, Getafe Negro. La última tarde asistí a una mesa redonda donde participaban, aparte de César, Dolores Redondo y Alexis Ravelo. Al terminar la mesa nos fuimos a tomar unas cervezas, a la que también se apuntaron Lorenzo Silva y Carolina Solé. El tiempo se nos echó encima y tuvimos que salir corriendo si no quería perder el AVE hacia Huesca. Gracias a César pude cogerlo a tiempo, ya que se nos juntó una huelga que atrapó el taxi y la lluvia; hay que ver como llovía ese día, y César supo callejear desde donde nos dejó el taxi hasta la estación de Atocha. Lo que no supe nunca, ante nuestra huida apresurada, es quién pagó las cervezas.
 
   De Getafe me traje varias cosas buenas; aunque debería decir que todo lo que me traje de allí fue bueno. Pero una de ellas fue el primer libro de esta impresionante trilogía: Memento mori.

     He tardado en completar la trilogía, entre otras cosas porque no he tenido el tiempo necesario para hacerlo como es debido. Yo divido mis lecturas en dos tipos: las que leo a conciencia sentado en el butacón de mi despacho y las que leo en cualquier otro sitio: Ave, playa o en la sala de espera del odontólogo de mi hijo. Y la de César pertenecía (lo supe desde el principio) a la que hay que leer aposentado, sin prisas, saboreando. Es como cuando fumaba en pipa y tenía varias marcas de tabaco: unas para pasear por Huesca, para leer, para alternar... Cada cosa requiere su espacio.

    No voy a hablar de la obra en su conjunto, ni tan siquiera voy a desmenuzar cada una de las novelas explicando la trama, porque soy muy mal "reseñista" y estoy seguro de que acabaría por hacer un espolier (Dios me libre). Tampoco voy a hablar del escritor, ya que sigo el consejo que me dio Alberto Vázquez-Figueroa en una presentación que le hice en Zaragoza: De mí no hables, me dijo sonriendo.
   Se suele decir que hay novelas que parecen auténticos guiones cinematográficos. Estas no son guiones de película, ¡son auténticas películas! Películas con música incluida. Hasta pude escucharla mientras leía. El lenguaje es muy cuidado, las conversaciones, las introspecciones del "malo", la relación entre los protagonistas, la alternancia entre escenarios
y... ¡Carapocha! Orestes, Ledesma. Y por no hablar de los ambientes policiacos y la realidad que imprime capítulo a capítulo. Y, créanme, sé de lo que hablo. La candencia, las fechas, los lugares... nada, absolutamente nada de estas novelas cae en saco roto. Todo tiene su motivo. Los personajes van apareciendo de forma fluida e interactúan entre ellos como (me vuelvo a repetir) estuviéramos viendo una película. Los oigo hablar, los veo, huelo los cigarrillos Moods, siento la tensión que se respira en cada conversación, participo y hasta empatizo con alguno; aunque no con todos.

    En definitiva, y a modo de resumen, la mejor manera de conocer una novela es leyéndola. Es como una película, no dejes que te la cuenten, ves a verla tú mismo.

Memento mori
La investigación del asesinato de una joven ecuatoria­na a la que le han mutilado los párpados y cuyo cuer­po han encontrado unos versos amenazantes, ocupa las primeras páginas de esta novela negra narrada con un dinámico y atrevido lenguaje cinematográfico. Sin embargo, el autor nos arrastra por un camino inespe­rado al describir los hechos desde la perspectiva del propio asesino: un sociópata narcisista influenciado por la música más actual y por las grandes obras de la literatura universal.

Dies irae
La acción de este thriller implacable arranca en la peculiar ciudad italiana de Trieste, frontera entre dos mundos. Au­gusto Ledesma elige el que fuera hogar de James Joyce como primer escenario para continuar su siniestra obra, que alimenta del aliento de sus víctimas y de la humilla­ción de sus perseguidores. Hasta allí se trasladará el ins­pector Ramiro Sancho en su frenética y obsesiva persecu­ción de un asesino en serie que parece haber acentuado su voracidad. Entretanto, al otro lado de la frontera, el psicó­logo criminalista y exagente del KGB Armando Lopategui, «Carapocha», recorrerá las calles de Belgrado junto a su hija y ahora discípula con el propósito de zanjar cuentas con un pasado despiadado del que no logra despojarse. En otra vuelta de tuerca, a través de fugaces viajes en el tiem­po, descubriremos cómo se fraguó la relación entre Pílades y Orestes y asistiremos a su sorprendente desenlace.

Consummatum est
En la pequeña localidad islandesa de Grindavik amanece con todos los miembros de una misma familia brutalmente asesinados. En uno de los países del mundo con menor tasa de homicidios por habitante, el comisario de la Brigada de Homicidios de Reykjavik, Ólafur Olafsson, se enfrenta al caso más escabroso que ha visto justo en el ocaso de su carrera profesional.
Pero muy pronto todas las pistas empiezan a apuntar hacia un sofisticado asesino en serie, Augusto Ledesma, que durante varios años ha ido componiendo una siniestra poética de versos regados de sangre a lo largo y ancho de Europa.
  

Para conocer a César Pérez Gellida visita su página web pinchando aquí