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El hombre que nunca existió




En la Edad Media, el honor de los Caballeros se ponía a prueba casi de forma diaria. El espíritu caballeresco medieval expresaba de forma irrevocable la fidelidad al deber y a la honra. Por doquier, y en todos los niveles de la sociedad, se podían escuchar expresiones del estilo: Por mi honra, por mi honor, salvar mi honra. Incluso, en la sociedad occidental, desde el siglo XV al XX, se ideó un combate consensuado entre dos caballeros, permitiéndoles incluso escoger el arma a utilizar: pistola o espada. En el Japón feudal eran -o son- más radicales en defender la honra y una forma de disculparse ante alguien era practicando el Yubitsume (cortarse el dedo meñique). Con el dedo se va la afrenta. La explicación de cortarse el dedo como defensa de la honra tiene su origen en el arte de espada japonés, el dedo meñique es el que más fuerte aprieta sobre la empuñadura. Por lo que un amputado del dedo meñique no podía empuñar su espada correctamente, y estaba en desventaja en la batalla.
    La honra, el honor, la reputación, la caballerosidad, etc, siempre ha preocupado a todo tipo de sociedades antiguas, medievales y modernas. Pero en el siglo XXI surge un nuevo tipo de defensa del honor que podíamos llamar: el don de la invisibilidad. El yerno del Rey, el yernísimo señor Undargarín se está desvaneciendo de forma paulatina y planificada de la vida pública. Primero fue el museo de cera, luego la página web de la monarquía, de los actos oficiales, de las fotos... Se está disolviendo como si la figura del museo de cera de Madrid, que lo representa, hubiera sido arrimada a un ascua y se desintegrara dejando tras de sí una columna de humo. Como un conejo bajo el sombrero de copa de un mago. Como un reguero de lágrimas en un torrente de agua. Dentro de no demasiado tiempo será conocido como "el hombre que nunca existió". Y por mucho que la Corona se esfuerce en borrar su rastro, ha de saber que los pecados cometidos no se borrarán. Se irá él, pero su deshonra quedará em_Palma_da.